DOCTOR SUEÑO ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

DOCTOR SUEÑO (Mike Flanagan, 2019) ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

Lo+: La dupla Flanagan-King, que esperemos perdure por muchos años.
Lo-: Que sea vista bajo la lupa intransigente de Kubrick.
Mike Flanagan ha demostrado, en los últimos años, que es uno de los grandes nombres del
terror en el panorama cinamatográfico actual. No sólo ha entregado pequeñas joyas del
género, de presupuesto modesto, pero resultafos plenamente satisfactorios, como Oculus (un
terrorífico cuento de hadas, cuya competencia no han sido capaces de igualar directores con
mayor nombre e ínfulas), Hush (otra vuelta de tuerca al formato de las home invasions que
pasó injustamente desapercibida en un estreno que coincidió con el del Don’t Breathe (2016)
de Fede Alvarez) o Insomnia (un drama sobrenatural rodado con un saber hacer brutal), sino
que también se las apañó para firmar la potentísima secuela (Ouija 2) de una película mediocre
y para mantenernos a todos en vela con una de las mejores series originales de Netflix, The
Haunting of Hill House.
Ya demostró, con su hasta hace poco mejor film, que no era ajeno al fenómeno Stephen King,
y que su mano para trasladar al formato audiovisual la supuesta obra inadaptable del Maestro
del Terror, Gerald’s Game (2017), era mucho más que mera suerte.
El reto que encauzaba con Doctor Sleep era, sin embargo, mucho mayor: no solamente debía
estar a la altura del best-seller de King, sino también de la popular The Shinning de Kubrick y, a
su vez, conciliar dos visiones sobre una misma historia que eran sumamente contrarias (es por
todos conocida la nefasta aceptación de King hacia la adaptación de su novela original). El
resultado, contra toda expectativa, no podía ser más acertado.

Y es que Flanagan toma el material original y, manteniéndose firmemente fiel a él en gran
parte de su desarrollo, añade su granito de arena y es capaz incluso de entregar una mejora
sustancial que, a día de hoy, solamente había alcanzado la The Mist (2007) de Frank Darabont.
Rodada con un apabullante gusto visual, recrea a la perfección escenas de la mítica precuela
(el momento en el salón, exultante), pero apunta todavía más alto cuando da rienda suelta a
sus facultades propias y hace alarde de un enorme abanico imaginario para la puesta en
escena (los archivadores de recuerdos, por ejemplo), sosteniendo una trama incapaz de decaer
en sus dos horas y media de metraje (o tres, en su versión extendida). De esta manera, abraza
al antiguo director, al que no olvida, y compensa al escritor con ese final que es toda una
declaración de amor ¡y de intenciones!.
Puntilleada por interpretaciones más que dignas (es, junto a Nosotros (Jordan Peele, 2019) la
película de terror mejor interpretada del año), principalmente por unos McGregor y Ferguson
que se comen la pantalla a bocados, Doctor Sueño triunfa y resulta un auténtico fenómeno al
emplear la caligrafía más personal de su director (su espíritu, su esencia como maravilloso
narrador visual) a un libreto excelente que respeta con veneración.
Una verdadera lástima que el cine de género siga yéndose de vacío en la temporada de
premios; ésta, junto a la de Peele y, tal vez, Midsommar (Ari Aster, 2019), son los claros
ejemplos del año, como lo fuera Hereditary (Aster, 2018) o Babadook (Jennifer Kent, 2014) no
hace tanto, y entre las que Get Out (Peele, 2017) se alza como escasa excepción en el contexto
inmediatamente posterior al de la fallida Moonlight y la (supuesta) consciencia racial de la
Academia.

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